Silvestres
Ya con la bolsas de papas y bananas en la mano, mirando alrededor a ver qué. Un pequeño cajón con unas cosas muy rojas, demasiado maduras, chiquitas y de aspecto sucio me atrapa. "¿A cuánto las frutillas?" Le pregunto al verdulero. "Están caras, a 50 el cuarto" me dice con tono de "no recomiendo". ¿Caras? Caras son las de cera, esas grandotas, rojas pero completamente blancas por dentro y con gusto a... a no se qué, a nada. Las que pedís en un restorán y te cobran 60 pesos la copa con 5 o 6 de esas. La crema aparte. Entonces: ¡mias! Pienso, pero le digo: "y, dame un cuarto" como si dudara un poco. Okey, siempre aparezco dubitativo, es marca personal la inseguridad. No recuerdo si quedaron más en el cajoncito, al otro día ya no estaba. Casa. Manos a la obra: algunas están casi negras por lo maduras, así que no hay otra opción para prepararlas. Las lavo BIEN (se veían silvestres, uno nunca sabe por lo que pasaron) y tiro el exceso de agua....