Compranos la ruedita....
Borrar?
No es del todo cuento...
tampoco lo suficientemente veraz para recuerdo...
Pero borrarlo... ¿borro a Viole?
no puedo
aun
+++
De nuevo, hoy en la casa de ella. Pasada la acción, y ya sin el estrés de lo desconocido, me pongo a husmear los libros un rato, y me quedo otro rato mirando una vivaz pelotita de pelos mordiendo los barrotes de su jaula.Veo que ella se va para la cocina.
-¿Te ayudo?
-Te agradezco de corazón, pero no, gracias, si sos un inútil.- Responde con gravedad.
Señala.
-Remoto del aire, remoto del televisor, y la compu siempre prendida.
Mientras la apunta recuerda algo.
-Buscá las noticias, a ver que pasó con...
Bien, relajada la cosa.
Aunque una chispita en el cerebro me dice que debo insistir, pero con presencia, no con palabras... así que me meto en la cocina. Le comento del hámster.
Me contesta solo con su nombre (¿nombre?¿lo llama?) que no recuerdo.
Me señala algo con el dedo.
¿Eh? Ah. Se lo alcanzo.
No, no es que esté ayudando, es que me había metido en el medio.
Prende el horno.
El horno.
El de gas.
¿En serio?
Levanto el repasador de la bandeja, berengenas. Mucho queso. y tomate. Muy condimentado. Para el horno... Paaa, esto está mucho mejor de lo que soñaba.
-Mi hermano solía tener alguno -le cuento- Un hamster. El primero... -
Mientras adelanto mentalmente la historia me trabo un poco, y me percato de que es la vieja represión de adolescente, no nombrar la palabra "mamá" frente a una mina. Inseguridades... Me sonrío para adentro y sigo contando
-El primero murió de viejo-
Y Sí me reprimí de su artritis, casi no podía agarrar y pelar las semillas, ya no se autoaseaba y solía tener un olor fuerte, apenas se movía en su jaulita, pero nunca dejó de morder los barrotes de metal en busca de su libertad.
-Cuando mi hermano trajo el segundo, mamá esta vez no pudo soportar la idea de la cadena perpetua y le abría la jaula.
-¿En la casa?
-Sí, andábamos todos arrastrando los pies para no pisarlo.
Me volví locuaz, algo excepcional. Le conté de la bolita de vidrio que se ponía en el buche, de que trepaba las paredes por atrás de los muebles y se ponía a husmear desde encima de la biblioteca, pero casi siempre se mantenía oculto.
Había pelado los flecos de la alfombra del living pero a mamá no le importó demasiado. Roía por acá y por allá, trabajaba de noche, discreto y limpio, y la pila de semillas que bajaba nos decía que se mantenía activo.
-Tuvimos otros dos, uno murió en el inodoro y no logramos imaginarnos cómo se metió ahí... son buenos trepadores pero necesitan sostén, como los muebles contra la pared. Al otro lo encontró papá rígido agarrado con manos y dientes aún al cable del velador que quiso masticar.
-Y tu mamá se sentiría culpable
-No, ninguno de nosotros. Vivieron mejor que en la jaula, murieron en su ley, explorando...
Pausa. (¿el minuto de silencio?)
-Más tarde encontramos un nido bajo la biblioteca, un depósito lleno de semillas, hecho con flecos de alfombra, cosas indefinibles y una de mis corbatas.
-Nunca te vi con corbata.
¿¿??
No me estaba cuestionando, una repentina curiosidad surgida quién sabe por qué. Y no, ya no uso.
Al rato me dice:
-Mañana sábado es su cumple.
-Su cumple.
-Meses. Y necesita una ruedita.
-Noooo qué deprimente, ponerle ese placebo de viajero, por qué torturarlo así al bicho.
No me estaba saliendo gracioso, pero insistí. Somos así... y seguí:
-Vuelta y vuelta y vuelta y yendo a ningún lado, ¿y para qué?
-No le voy a abrir la jaula para que lo aplaste el portero o se suicide por el hueco del ascensor. -argumenta sin cambiar de tono- Además, (nombre) SABE que es una rueda sin fin, no es estúpido. pero le hace bien al cuerpo y a la psiquis y eso también lo sabe. Vamos, si no querés regalarle nada no lo hagas y no pasa nada.
-Ok.
-Ok.
Ya estábamos en la compu mirando la noticia. Ah. Ni me acuerdo qué. Ella aparecía y desaparecía y yo me puse a jugar un solitario.
-¿Eso?
Ya no hago eso. No hay NADA que enfríe más una relación en cualquier estado, ni siquiera mirar tv, mejor sería ponerse a dormir.
Pero le explico.
-En casa llevo la cuenta, tantos partidos, tanto% de efectividad.
Vano alarde.
La veía por el reflejo del vidrio. ¿Sonreia? Sonrisa extraña, ¿por?
-¿Te trabaste?
-No. Parece, pero está todo bajo control. Cuando despeje esa (flechita) carta se afloja todo y sale.
-Ajá.
-Y ese es el objetivo, apilar cartas.
-Ajá.
Casi apoya la barbilla sobre mi incipiente peladita franciscana, para que pudiera ver claramente su reflejo en la pantalla.
¡Estaba disfrutando! Pero qué.
-Compranos la ruedita- Dice en voz baja por sobre mi cabeza, casi como una conciencia.
De a poco entendí.
Y juro que la ví, guacha, escudriñar telepáticamente todos mis procesos mentales hasta su conclusión.
Por un instante una carta se volvió increíblemente difícil de mover con el puto mouse de una tonelada.
-Sí, claro. -Respondo, derrotado por una inteligencia superior.
Desaparece.
Sigo jugando, creo.
Ya va a ver despues de la cena...
Bah, a qué engañarme, si esto todo el programa lo dibujó antes de lavarse los dientes.
Clic. Clic.
Seguí dando vuelta cartas, ya vas a llegar... La vocecita interna.
Por suerte llega el olor y el ruidito del horno y el queso derretido...
Sí, eso cura todo trauma reciente.
Eso y el postre.
EL postre.
Cuento, y más que una pizca de vida real.
A Viole.
Cuento, y más que una pizca de vida real.
A Viole.
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