Ejecución
Hoy murieron dos amigos. Los ejecutaron. Lo merecían, creo. Me permitieron estar con ellos unos momentos. Mabi. No parecía ella desesperada, con odio, angustiada. Probablemente lo estaba. Pero sí pesaba en sus ojos un sentimento sombrío, estaba quebrada. Hablamos un rato más temprano, no de lo que había hecho, no del pasado, y no de proyectos claro. No... no recuerdo lo que hablamos. Nos acercó más, eso fue todo. No creo que eso la ayudara en algo. Es solo una cosa más que le obligan a perder con la pactada muerte. Quienes lo vivimos sabemos, el alma (lo que sea que nos da identidad) se adapta a todo, si lleva el tiempo suficiente. El hambre, la inmundicia, la angustia, la tortura. Todo lo soporta. Y cuando al fin te permiten un soplo de humanidad, la tortura es completa. Por eso estaba conmigo.
Ahí estan los reos, con ataduras que apenas les permiten caminar. Pasos cansinos, obligadamente cortitos. Los hacen caminar alrededor de un pequeño basamento cuadrado de terminación irregular de concreto, el que sostiene el mastil de madera. Les dan una vara, y con ella deben escribir una palabra en la tierra del piso. Es un día gris, oscuro y frío, como no podía ser de otra manera, y los dedos ateridos y blancos por las ataduras superan los templores y se apañan en hacerla lo más perdurable posible. Es una tarea obligada e inútil, pero los sobrevivirá. Alcanzo a leer.. ¿Kaysi? No, no es un nombre. No, no tiene que ver con el crimen, que hace mucho fue olvidado, todos los crímenes, cada reo con el suyo, cada crimen tan irrelevante ahora, no es el crimen, los crímenes lo que hoy los comulga. No sé lo que es, la palabra, quizás un delirio del juez. Quizás tuvo sentido en siglos pasados. La tierra es dura y demoran en escribirla. No, no están tratando de postergar la ejecución de tiempos estipulados con fatalidad exquisita, simplemente se abocaban a esa tarea, la última. Finalmente los hacen caminar a sus cadalsos, una larga caminata en la tierra gris del patio abierto. Y mueren colgados.
No, no fue en el siglo 18, es hoy, en España, en el siglo 21. Y fue real. Hasta me asigné la tarea de contactar a mi amiga la que sabia de mi amigo muerto cuyo nombre había olvidado. Lo afirmo, ocurrió hoy, fue real... al menos por un tiempo, mientras la nube gris persistía. Completamente despierto, pero mi cerebro, al que no controlo ¿por qué España? ¿Por qué la palabra?, elegía creerlo y elegía la angustia.
Y debo escribirlo, aún en la cama, antes de que los fragmentos de cordura vuelvan del todo y termine olvidándo este maligno mundo fantástico por completo.
Y de alguna manera exorcizarlo para volver limpio a este mundo donde esas cosas no ocurren.
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