Show and tell

No sé nada de sistemas educativos, pero sé de limitaciones.  No sé aún si soy autista pero sí sé de las oportunidades que se pierden por no entrenar en la expresión. Hoy mi acento y expresividad fueron entrenados como autodidacta. Aún se detectan rarezas, a veces no detecto ágilmente los sarcasmos y otras sutilezas, a veces me expreso como si el castellano no fuera mi lengua nativa porque hay casi una traducción entre el lenguaje interno y el hablado.  
A veces me preguntan de dónde soy porque el "cantito" o "tonadita" es indecifrable y el local no se me pega. No, el acento lo inventé y depuré después de que Alicia, en una pelea, me criticara (más bien echara en cara) el tono "monocorde y monotonal".  Pude hacerlo y hasta lo disfruto, es artificioso pero no artificial. Y las puertas que abrió en lo social y laboral me hicieron sorprenderme por lo que me estaba perdiendo. Lo disfruto pero es trabajoso, es como aprender a leer de adulto. 
Descubrir que en EE.UU. los chicos tienen el "show and tell" en la escuela fue una conmoción. El chico lleva algo de su agrado y ante la clase expone lo que le interesa y la razón de tal elección. TODOS los ingredientes  para entrenar la efectiva comunicación y lidiar con nuestras imperfecciones. Ojalá hubiera tenido ese ejercicio y no una maestra que en el primer grado dibujaba letras en el pizarrón con moldes gigantes, misma que me puso "de florero", en el rincón mirando a la pared, como penitencia por ser distraído y mirar siempre a la ventana; recuerdo que rescato con espanto por lo cerca que estuve de desconectarme del mundo por completo. 
Bueno, eso: cambiar el sistema educativo será quizás arremeter contra los molinos de viento, pero ese pequeño "show and tell" es un accesible ejercicio que puede hacer una fantástica diferencia. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Parador: Juancito

Herrar es humano

Hogar: Y renunció nomás