Lo perdí... O lo reencontré, depende de qué.

 

Recien le estaba comentando a la vecina... 

El pan, hoy de harina, huevo, azucar, algo de aceite en lugar de manteca, bicarbonato en lugar de levadura.

-"es mejor bicarbonato porque no te cae mal"- me dice.

Luego le comento de mis olvidos y reímos por el maltrato a mis cacharros todos quemados.

Luego, rememoro. Es la técnica que aprendí hace muchos años para mejorar mis conversaciones: "no esta, sí la próxima".

Peculiar. Volvió mi tono "monocorde y monotonal", aquel que me enrostró Alicia y se volvió mi motor de entrenamiento.  Y también hablé con la elle. ELLe, la que se arma como la Ñ (si saben la diferencia entre N y Ñ, es la misma entre L y LL, la lengua pega al paladar mientras suena). 


Hablar es mi habilidad tardía, aprendida después del leer y escribir. Mi primera lengua es la interna, la del autista; mis primeros recuerdos son imágenes con sus emociones asociadas, en cuanto las rememoro algo se pierde para siempre en la traducción.  Cuando en la adolescencia decidí aprender buen castellano (absurdo como suena) mi vida cambió, pero cuando ya bien adulto decidí aprender una tonada, floreció. Hubo un nuevo entrenamiento hace muy poco (si veinte años no es nada) y el cambio fue evidente, aunque también evidente la perplejidad del interlocutor ante una respuesta (o falta de ella) o una entonación equivocada (aún recuerdo el velorio). Es que mi normalidad es impostada.  soy un impostor. ¿Lo soy? La entonacíon al decir gracias es entrenada pero no fingida, la emoción está. Es solo un agregado como el de un emoticón.

Hoy volví a hablar en monotono.

No sé si en estos meses hablé así a los demás, a la cajera del supermercado, ¿importa?

Puedo alterarla de nuevo, es muy fácil, pero es una decisión consciente. 

Es que no es mi primera lengua.


Ah, hoy el fuego de mi café se volvió a apagar automáticamente, esta vez atrapado por casualidad gracias al cronómetro que me informó la finalización de cocción de mi pandepobreensartén en la hornalla de al lado, ese pan que discutí con mi vecina. 

Que salió horriblemente amargo por exceso del bicarbonato, suerte que al menos tengo mi hermoso y cargado café.


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