Quenosemequemeelcafé

Me estoy olvidando las cosas

Quiero café. De el de verdad.

¿Pava?  ¡Ja!, una eternidad.  Pongo la taza enlozada al fuego y cuando se hace se hace, sin desperdicio de agua fuego y tiempo.

Tres minutos, y la sigo quemando.

La pongo al fuego, espero. Bue, voy al baño a mear. Mientras me levanto el cierre del pantalónn me sigo acordando del fuego, pero para cuando cruzo la puerta... me vuelvo a la pieza, y allí me quedo hasta que me dan ganas de tomar café. 

¡¡El café!!

Pero ahí está, perfecto. La naturaleza se equilibra. Aún muy, muy caliente (hirvió), pero el fuego apagado. Es que pongo lo suficiente para que se evapore (lo que queda da lugar a las dos cucharadas de café molido), al borbotear el excedente salta y me apaga el fuego automáticamente. Ya me pasó dos veces. 

¿Peligro? 

Nah, no hay riesgo de que me olvide de tener ganas de tomar café. Lo que espero no olvidar es cerrar la llave de gas apenas retiro la taza, me sentiría culpable si terminara incendiando el hotel.

 

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