Lilian

 No recordaba, cuando abrió los ojos, por qué se encontraba ahí.

-¿Se siente bien?
Le pregunta una chica, muy joven, o no tanto pero definitivamente mas
joven que él.
-¿Se encuentra bien?
Insiste la chica, y él no puede entender lo extraño de que ella lo
estuviera mirando desde arriba, su pelo oscuro recortado en el cielo. 
"No" quiso responder pero no pudo, aunque no estaba seguro acerca de
lo que estaba respondiendo. Aun tratando de comprender,
simplemente no lograba concentrarse y averiguarlo... el dolor en el
pecho, cadera y cabeza era demasiado para permitirle pensar.
Hizo una mueca de dolor y volvio a cerrar los ojos.

Vuelve a abrirlos. Las cosas cambiaron de lugar, son más claras pero
aún más extrañas. Está en una ambulancia,
tiene puesto un cuello ortopedico, y el dolor ahora es menor pero mas
parejo: le duele todo a excepcion de las piernas,
que no siente. Y una sensacion calida y reconfortante... le sostenian
la mano... mira hacia el costado, y la misma aparicion de cuando abrio
los ojos por primera vez,
la morocha. Ese recuerdo lo lleva a recordar tambien la vision de su
auto dado vuelta hecho un retorcijon de metal, gente, gritos, y dolor.
Una inquietudo lo agita,
y esa inquietud se transmite a sus ojos. La chica de negro pelo se
inclina sobre el, y comprende:
- ¿La mujer que estaba en el auto ?
El rostro se le relaja.
- "Si"
Responde sin hablar, la curiosidad en los ojos.
- Ella está bien.
El se tranquiliza pero poco, no es respuesta suficiente. Ella continúa:
- Mucho mejor que usted, se mantuvo despierta en todo momento. Se va
en otra ambulancia para un chequeo -
Eso no era completamente cierto, tal segunda ambulancia no habia
llegado y aun debian esperar a que los bomberos terminaran de cortar
la puerta para poder sacarla.
Pero no mintió,  estaba mejor que el, siempre despierta y quejandose a
los gritos.
- Es su esposa ?
"Sí" miente él con los ojos. Para el caso es lo mismo, era su ultima
pareja y ahora no importaba mucho la sutileza de la diferencia. Ya no
se llevaban tan bien
y bien poco le hubiera importado lo que pasara con ella en cuanto se
bajara del auto. Pero era él quien conducía, supone, y la
responsabilidad o la culpa
formularon la pregunta. El alivio de poder olvidarla, y preguntarse
por si mismo.  Trata de ubicarse, trata de pensar
¿ dónde estaba en el momento de accidente...?
¿Cuál accidente?
Lo ultimo que recordaba... No recordaba. Y luego el dolor y la
confusion y la carita de pelo oscuro y ojos negros recortada en el
cielo...
Se mira los canutos en su brazo, tiene enchufadas dos bolsas. Solucion
salina y dextrosa, la sal y el azucar de la vida. Lo alimentan sin
permiso.
Desagrado, confusion, impotencia...

A la doctora se le ocurre pedir mas informacion mientras trabaja sobre
la camilla
- ¿como lo encontraste?
- Cuando llegue lo habian arrastrado fuera del auto y estaban tratando
de levantarlo para llevarlo a la vereda, ahi los vi, les dije asi no,
y lo inmovilice...
- bien...
Él busca con desesperacion esos ojos.
-su esposa esta BIEN.
Contesta la morocha con seguridad. Él se tranquiliza y vuelve a
sumergirse en lo suyo.
Duele...

La ambulancia arranca y el sacudon lo incordia, hasta ese momento no
habia notado la inmovilidad. Mira de nuevo a la chica,
que se mantenia ligeramente inclinada sobre el, para que no se
esforzara. Quiso preguntarle algo, pero se le dificultaba hablar y
tampoco recordaba bien qué,
asi que abandonó el intento.
"Gracias por acompañarme" dijo en fin, sin palabras, sonriendo,
apretando una vez los parpados y una leve presión en la mano. Ella
sonrio, comprendiendo,
y le respondio:
-De nada.
Anduvieron asi un rato, ella sosteniendole la mano, él tratando de
fatigarse menos al respirar. La ambulancia se perdía en la noche, con
él adentro.

Una repentina impresion lo saca del sopor al que se habia entregado.
"Algo anda mal" piensa. Una nueva sensacion, indescriptible, en lo
profundo de sus entrañas. Como una catarata calida hacia un costado
suyo,
frio en el cuerpo pero esa sensacion dolorosa y caliente y pegajosa y
atroz  en su interior, era algo extraño y mas que desagradable,
algo que se estaba rompiendo. Quiere mirarse, no puede. Hace una mueca
de dolor. La morocha llama:
-Aca pasa algo!
La doctora, que ya se habia sentado al lado del conductor, vuelve a su
lado. Le debe pedir permiso:
- Correte.
Ella suelta la mano.
"eh, necesitaba eso" piensa él.

Duele...
Algo dentro de él se mueve, siente el monstruo en su interior como un
poseído, y una presion solida, un cascote entre su estomago y sus
pulmones
que le impedian aspirar con plenitud.
Debe de ser una hemorragia, él lo siente. No es en los pulmones, puede
respirar pero mal. Siente que la conciencia se le va a ir de un
momento a otro.
La doctora le grita al conductor:
- Dale que lo perdemos!
La chica pelo negro protesta. El conductor acelera. La sirena suena.
A el no le importa, lo prenuncia. El afán de la doctora lo molesta.
No, no necesito eso, tengo frío, necesito sangre. O por lo menos el
apreton de una mano calida...
Se inquieta, quiere ver a la chica de nuevo.
- No se mueva!
Le grita la dra, y  en un acto extraordinario de solidaridad le explica:
- Necesita su energía en mejorar. Ahora quédese quieto y deje
trabajar. Y no haga esfuerzo, tiene las costillas rotas.
El hace un esfuerzo para mirar a la morocha, el cuello ortopedico le
limita el movimiento y el cuerpo de la doctora se interpone. Necesita
saber.
Quiere armar la pregunta, "cual"...
ahora no consigue las palabras, ahora  las encuentra: Cual...
"Cual es tu nombre, morocha de ojos brillantes"  la pregunta que anhela.
- gggg...
Logra decir.
- Sshh!
Lo calla la doctora. Ultimo que oye, respuesta que rehúsa.
La morocha deja escapar una lagrima.
Llueve. La sirena calla y la ambulancia se sacude al subir por la
rampa del hospital. Pero esas son cosas que ya no tienen importancia.


Joaquin Elio
Tiene fecha del 2007
y sigo desenterrando cosas del dropbox


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