Parador: La paredcita - ¡Año nuevo!

31 de diciembre

Día de fiesta.

Creía.

Ya habíamos desayunado en carencia: "No hay azúcar chicos" nos dice Luján. Tampoco leche pero eso ya era de todos los dias. Me como el budincito y pongo la taza boca abajo. Ni en los más ruinosos dias de mi vida -o sea, hace un mes- tomé té sin azúcar.

Pasa el día.

¡Cena de fin de año!  Un buen plato frio: arrollado de pollo con ensalada rusa.  Muy bueno, como toda la comida que nos dan siempre.  Acompañado de agua, claro, por algo uno es indigente.  Postre, fantaseaba con algo más para día de fiesta (dos días atrás hubo una especie de tiramisú por ejemplo) pero nos dieron una manzana fresca. 

El balconcito, que da a la calle pero tan cerrado que no se puede ver más que copas y edificios, estaba "lleno" de gente.  Bah, éramos 5 o 6.  Entro a la habitación, me acuesto y miro la TV con desinterés.  El aire está viciado y es sofocante, pensé en salir de nuevo pero en lugar de eso dormito, quizás intoxicado de co2. 

En honor a la precisión debo decir que exagero maliciosamente.  Hoy aire no falta (como faltaba cuando nos encajaron a 15 en la pieza sin ventanas), todo el pesar es debido al calor.

Una hora para el 2022. 

Me despierto, el TV está apagado; y los que lo miraban, dormidos.

Salgo al balconcito. Hay algunos charlando, o simplemente, como yo, respirando.

-Bueno, chicos, tienen que ir adentro- dice la voz de Rodrigo que está subido a la paredcita.

Qué fiesta de mierda.

Empiezo a engranar.

Alguno habrá cuestionado, porque Rodri amenaza:

-Si no entran tengo que cerrar la puerta.

Y engrano más. Tampoco escuché el reclamo, que habrá sido "pero en Navidad...": mal argumento, yo quisiera saber qué tan razonable es sofocar todos los días a los casi 30 viejos y perdonarnos en Navidad.

-Una cosa es Navidad y otra Año Nuevo... -

Responde Rodrigo siguiendo la misma absurda lógica pero con la convicción del que tiene la llave.

-Yo soy ateo...- empiezo, continuando sin querer con la pésima lógica, condenada además a la nada porque es una frase que no elaboré y fui incapaz de concluir.

La idea era fácil de deducir, "para los no cristianos el día de fiesta es HOY".  Pero por dentro se me formaron pensamientos más complejos que no supe encadenar.  No, no es bloqueo, es el paupérrimo entrenamiento de mi infancia y que demora incluso la escritura con sus múltiples correcciones... y acá va:  Los casi últimos 15 años pasé la Navidad completamente solo y durmiendo la culpa, para luego festejar el año comiendo afuera, a veces solo, a veces en alguna peña porteña o... como el último, ¡¿2019?! mirando los fuegos frente a la fragata en Puerto Madero y donde conocí a la divina turista brasilera que tan rápido desapareció de mi vida...

2021. Y cómo me fui tan al carajo.

No iba a pelearme con Rodrigo. Es un tipo dedicado y trabajador, pero aún inmaduro y está sufriendo una deformación profesional: no somos los huéspedes sino su incordio, los que complicamos su trabajo.  Cierto que suele interpretar las reglas con buen criterio a nuestro favor, aunque otras pretende imponernos disciplina de su cosecha.  Pero no es un tipo necio, si resolviera mi problema de memoria, encuadre, enfoque y concisión, hablaría con él. ¿Escribo esto? Va: Ya lo intenté con otro, y para cuando concluí el speech el sujeto estaba pesadamente aburrido, y los dos puntos que ensayé no los expresé nunca.  Creo que si me aguantó es porque le pagan para eso.  Estoy peor que en la secundaria.

¡JA! "le pagan para eso" escribí.  Acabo de percatarme, cuando le expresé gratitud a My Queen por algo específico, ella me contestó "estamos para eso". Comentario malicioso el mío, la dulzura que expresa no es fingida, no le pagarán tanto.     

A la story.  Lo de hoy es incomprensible. Rodri iría a cumplir su amenaza para que nosotros huéspedes nos cocináramos dentro de la habitación con la puerta cerrada para que él pasara sus horas de descanso trepado a la paredcita disfrutando la brisa sin tanto viejo molestando.

Y no se enteraron parece, el arma más importante contra el covid es la ventilación, varias veces y sin vacilación lo expresé y no siento que hagan suficiente caso. El alcohol y la lavandina apenas juegan en este juego.

Pero entonces interviene -genia- Luján en un -trully- gambito de dama.

-Hoy pueden bajar al patio, chicos, ¡hay música y baile!

Yo no tenía la menor intención de bajar hoy, pero el protestón muerde el anzuelo y se le dispara el instinto flirteador.

-¿Me decís que abajo hay baile...? - y continuó con una pizca de ironía que bien no recuerdo.

que si, que blabla, y la tensión se disolvió. Como dije, genia. No, no es sarcasmo y solo espero que no se deforme también. Un trabajo equivalente en un hotel (o en lugar donde a quien cuida es quien paga) potenciaría su valor.

Como sea, el balconcito quedó vedado.  Los resignados se fueron a dormir -y recordemos que eran las 11 y en una hora año nuevo- en el calor infernal, unos pocos bajamos. El conflicto estaba desactivado, NO sería yo quien lo reavivara en soledad. 

Una vez abajo me saluda Alicia, como sorprendida de verme.  No recuerdo lo que dijo, pero le contesté y cierto que no traté demasiado de poner cara de fiesta.

-Es que nos echaron del balcón.-  

-¡Noooo! A mí me dice eso y... 

Al rato se hizo un comité de opinión.  Bueno, los efectos de contárselo a Alicia -recordarlo en una posible futura simbiosis-.  Además ese patiecito no era lugar para confidencias a pesar de la música. Alguno le preguntó a Evelina, quien dio una versión muuuuy laxa de las reglas, pero cuando Sebastián le dio los detalles del incidente, Eve rápidamente la adaptó para justificar la acción de Rodrigo. En realidad me resultan fascinantes, ahora mientras escribo, todas estas interacciones humanas que estos pibes desarrollan intuitivamente y yo fui aprendiendo tarde y por medio de mucha racionalización.

Pero allí no estaba cómodo. Yo subia y bajaba, indispuesto por el calor arriba e incómodo en el caluroso bullicio de abajo martillandome el tinitus y no con Haendel precisamente, el baile me parecia deprimente y no ligué ningun brindis, los que tenian plata se organizaron, pagaron su comida y brindis especial y no soy de mendigar. 

Mientras, Rodri y Luján se quedaron trepados disfrutando de la fresca paredcita de nuestro balconcito.  Ah, pero como nos habíamos portado bien la puerta quedó abierta.

Las doce. Que me agarraron arriba y en la oscuridad. "¡Manga de viejos chotos!" digo en voz alta a ver si había quedado alguno despierto. Pero no.

Realmente hubiera querido brindar con mis compañeros, nos toleramos. De no haber estado dormidos, le hubiera encargado a Rodri y Luján ahí fuera que nos subieran un rose brut de pommery. Me quedo un rato acostado mirando el techo desprolijo y vuelvo a bajar, más calmo está todo. Le presto wasap a Veron, charlo con la renga... interesante. Me señala un viejo al que trataron de convencer de que se fuera a dormir y negó con la cabeza. "Un bebé" dice la vieja. Ella cree que así es la vida, ahora toca la involución. Dice que el viejo ve gente levantada y quiere imitar, como un chico. 

Ah,  luego del baile y ya acostado (único despierto), oigo subir a Ana (la que nos invitó con asado en Navidad), que lleva puesta una mochilita.  La sorprende la oscuridad y nos ve a todos durmiendo despatarrados en la cama.  Apostaría que traía en la mochila quizá pan dulce o una sidra sin alcohol para brindar con sus antiguos compañeros de piso.  Baja de nuevo, despacito y en silencio, y eso me deja una extraña vergúencita.

Acá arriba y adentro, la inmensa mayoría recibió el 2022 en la oscuridad y desmayado en la cama.

¿Frustrado? 

Sip.


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