Contando décadas con los dedos

Desde el hotel de Serrano hacia el Durán, para el testeo de covid. Estuve tirado por más de una semana, algo tarde para el test pero mi vecina me convenció.

Autómata, algo cansado y zombi, me encuentro con un cruce familiar. Muy familiar. Muy boliao aún, me desvío por "esa" diagonal. Debo, debo ir por ahi, me digo con el corazón estrujado. Me adentro en la tan común avenida, Honorio Pueyrredon. Ahi esta la callecita, el mismo bar en la esquina y una pequeña pendiente. Avellaneda. Debían ser dos edificios con puertas dobles, así es como lo recordaba, pero solo había uno. No parece haber sido demolido, solo la puerta cambiada. Y el recuerdo...¿era esa la de Maria del Carmen, la entrada que quedó? La puerta doble, la escalerita, su casa. El beso en su sofá. Morochita perfecta, miel para mí alma, cuerpo para mí cuerpo. No puedo pensar y levanto los dedos para contar hacia atrás los eones: 2020... 10, 00, 90, 80, los 70ytantos... Miro mi mano, preguntandome si podre aun oler la miel de su cuerpo. La tengo aun en la mente, dulce, alegre, gracil y que se reia de mis chistes malos, verla mirando la nada o acariciando su pelo durante el trajín del ruidoso subterráneo y hablando rapidito cuando paraba en las estaciones. 
Quizás pueda llamarte hoy, 90-1954 y me atienda de nuevo tu vieja o tu hermana. Te extraño, Maricarmen.
Quién serás ahora...
Recuerdo tu silueta recortada en el pasto, tus trencitas oscuras rodeando tu cabeza y la flor de primavera coronando tu pelo. que felicidad adolescente, esa primavera en San Pedro
Medió siglo casi ha transcurrido
y hoy y aquí me pregunto, qué nos ha pasado...
por encima.

No llego al hospital. El agotamiento me gana y deshago el camino.
Dia siguiente, los dolores se fueron. Ahora sí, al Durán. Otro dia, otra esquinita.  Me vuelvo a desviar.
Por Ferrari.
Casa grande, reja y lona tapan su fondo del verde furioso que se deja adivinar
Maria Pia,
tu bailecito
tu voz tan particular que sse transformaba a angelical cuando te oia cantar como aspirando el aria. 
Los dias de campamento en cazador, tu carita iluminada por el fogon cuando cantabas "la palmira"
Ah, te debo un jabón, aquel que se me fue al fondo del rio, me imagino que ya se habrá derretido.
Oh... y el primer dia que te vi,
aquel asado en centenario
te mire y me ofreciste un cacho de vacío,
el que  muy tímido rechacé mientras te miraba embobado. "pero lo corté para vos" me dijiste.
No  "pasó", pero qué iba a pensar en ese momento lo que me significarias. 
Que paso esa última vez
qué dije aquel día,
en aquel bar,
es hoy mi enigma,
me miraste muy seria, te  levantaste, dejaste la plata de tu cafecito en la mesa y te fuiste para siempre de mi vida...
 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Parador: Juancito

Herrar es humano

Hogar: Y renunció nomás