Parador: David y Mr Hide
Mi amigo. Uruguayo, alto, flaco cuasi escuálido. Un tipo inteligente, con cierta cultura y curiosidad, para una charla interesante cuando estoy de humor -no muy seguido-.
No recuerdo de qué hablábamos. Tuve pocos encuentros, pero más de una vez hablamos un largo rato. En una en lo vi partido al medio, problemas estomacales y mareos que encontré familiares y debí llamar a Evelina, quien anuncia "9-6" para luego enchufarle sal en la boca para que no termine aplastado en el piso, luego le recomienda que evite el calor y se hidrate. Le alcanzo un vaso de agua y sí, aparece redivivo aunque apenas puede mantener el equilibrio. Y la sal se la tragó y no creo que le cayera bien a su ya débil estomago.
En una ocasion me comentó su deseo de poder volver a sentir el abrazo de una mujer. Cómo lo dijo me hizo figurarlo mas poetico que sexual. Y más depresivo que melancolico, un dejo de "ojalá, en lo que me queda".
El era también el único que charlaba laaargo con la -creo- uruguaya, la renga de pelo largo blanco y un hilo de voz, la de silla de ruedas. El tenía la paciencia para escucharla y conversar. Porque eso hacia el, escuchaba, y disfrutaba de una charla. Y con qué dulzura la trataba. Ahora la vieja no tiene creo quien le hable y pasee, apenas quienes la bañen y corran de un lado a otro.
En ningún momento tuve con él conflicto.
Ni siquiera cuando discrepamos en la justificacion o no de sus pensamientos y conductas violentas.
y homicidas.
Porque sí, era un transtornado. Cuánto, no soy quien para decirlo. "Te queda grande", le dije, enojado y frustrado, a la psicóloga (luego le pedi perdon) porque no lo estaban ayudando como necesitaba. Quizas fuera incurable y debiera estar internado por seguridad, o quizas fuera apenas un desequilibrio hormonal, simple irritabilidad, algo tratable, ¿qué se yo? No creo que lo haya visto alguien competente. No llegué a decidir si sus fantasias homicidas eran solo eso, irritacion y puro boqueo o verdadero deseo de dañar.
Lo que sé es lo que vi.
La primera, en una cena. Había llegado un viejo nuevo, una dulzura de tipo. Todo estropeado por la calle y se la pasaba durmiendo. David le hace unos coomentarios amigables, seguimos comiendo. El viejo dice algo que no entendemos. David le pide que lo repita, pero tampoco entendimos. De nuevo, esta vez lo repite mirandolo fijo y con una voz mas firme (aunque tampoco entendi)... y ahi dvd pega un grito, golpea la mesa, se levanta con la comida, que no merece ser "maltratado" así
Yo no entendía nada pero registré los ojos grandes del viejo, ojos de sorpresa. Le pregunté que le había dicho: "¡Que hace un mes que no me acostaba en una cama!". Fui derechito a Dvd y preguntarle qué habia entendido, y no, no habia entendido tampoco, pero en cambio percibido agresividad. Un buen rato estuve tratabdo de hacerle entender que estaba equivocado, que el viejo solo habia levantado la voz porque él no escuchaba pero dvd no entendia, seguia hablando y gesticulando espasmodicamente, se le veia ansiedad y angustia hasta en la punta de los dedos. Cuando se calmó, le hable y entendió el error. Al otro dia vino a agradecerme, casi con lagrimas en los ojos, porque habia arreglado todo con el viejo, estuvo charlando con él y hasta se habian hecho compinches. La emoción que puso en el agradecimiento un poco me asustó. Y lo traicione, de alguna manera, porque le comente el caso a la doctora, confiando ingenuamente en que harían team con la psiquiatra.
El segundo caso, tambien un malentendido. Con el grandote paraguayo. Un buenazo el paragua, amistoso, generoso y trabajador (pero qué puedo saber en una convivencia tan acotada), estimo también que es un tipo que no tendría ningún problema en achurar a otro si se lo busca como achuraría un chivito. Ante la provocación de dvd contestó primero seco y elusivo, como dvd seguía terminó parándose amenazante, y ahi aparecio problemsolver luquez que pone 3 dedos en el pecho de dvd y lo arrastra sin esfuerzo como si fuera un trapeador fuera de la sala, mientras dvd seguía gritando y mostrando sus puñitos dispuestos a pelear.
Lo mudaron, no sé por qué acontecimiento pero con buen criterio a una cama de abajo, donde podrían tenerlo mejor controlado.
Mas tarde lo vi dando vueltas en nuestro piso, nunca alcanzando la oficina del fondo donde en verdad debia dirigirse. Muy irritado baja la escalera "me dijeron que suba y no hay nadie, se esconden". No tengo tiempo de decirle que camine derecho al fondo, que ahí esta la oficina. Sale la psi de su oficina preguntando por dvd y le conte lo que habia pasado, lo busca y desde arriba le dice "no me escondi, estaba en la oficina" pero con un tono de reproche que lo irrita mas, le hago gesto de que baje el tono y le comento que el odia los sarcasmos (ella responde que no era sarcasmo, my bad, quise decir odia sarcasmos, reproches y todo tipo de tono de desafio pero fui incapaz de terminar la frase), pero para cuando dvd subio la escalera él ya estaba agotado y ella le hablaba con voz suave asi que se acabó el conficto. Ahi fue que le hice el desubicado comentario "te queda grande" por el que dias después le pedí perdón. Es que él podia estar horas sin alterarse si no encontraba el disparador y ella darlo por bueno (aunque tenia problemas de ubicación y memoria), y lo que me preocupaba era que sí encontrara tal disparador en la entrevista porque nunca supe qué tan violento se podia poner. Me quedé, sin decirlo, quizá ingenuamente, cerca de la oficina por si oía algún balurdo.
"Nunca un conflicto", casi miento. Cuando traté de convencerlo de que nunca deberia responder con violencia fisica a un agravio, verbal o de conducta, notó reproche en mi consejo. Se puso nervioso, levantó la voz y hablo de defender el respeto para que no le pasen por arriba. Se crispa. "¿Te vas a enojar conmigo ahora?" le digo y entonces todo su ser se ablanda y me responde "noooo, si alguna vez me peleara con vos nunca, nunca me lo perdonaria" y luego una catarata de elogios a mi persona que me desubicaba. También se alteró cuando le dije, hipócrita yo, que tendría un problema psiquiatrico por el que podría pedir ayuda. Pero se controló mucho, y se notaba, para no alterarse demasiado. Mi voz calma seguro ayudo a que no me trompeara, y tambien el afecto que había entre nos. Qué diria si se enterara de que hablé de él con la doctora. Fue antes de que supiera de su negativa, pero aún así una traición. Y el disparador que necesitaría para desatar furia.
La última vez que lo oi fue peleando a los gritos con -varios- auxiliares. Desde acá arriba no entendia lo que decian, pero reconocia las voces de las chicas y la verba violenta e irracional de dvd. Se habrá peleado con el vecino rengo por una boludez. Como siempre: por una boludez. Fue expulsado, claro.
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