Bar y melancolía
El bar porteño. Hubo un día que volví, luego de mucho tiempo, a sentarme en uno de la calle Corrientes. No sé si la vieja silla se acordaba de mi culo. El café metálico y lavado fue degustado con placer a costa de un esfuerzo del recuerdo, de la añoranza de sus mejores cafés de otros tiempos. La magia se acabó cuando el mozo dijo: "25 pesos" Hecho el trámite que me movía pasé mas tarde por el de Callao. Qué bueno, habían quitado los televisores. Me puse a leer un libro que salió mucho más barato que el previo café. Arrugo la frente: El local es tan acogedor como lo recordaba, pero la luz insuficiente. Miro alrededor, los muchos que leen lo hacen en sus notebooks. Me sentí algo extemporáneo. Paso entonces a otras lecturas más asequibles. Leo el platito de café, dice "Café Jardín" o algo así, que no es el nombre del lugar, y luego el cartel del matafuegos, que tiene el teléfono de bomberos de Morón, a no sorprenderse si se demoran. El...